Think Tank de Tercera Posición Cientificista
Defender el futuro no es una elección, es la responsabilidad más grande de nuestra generación.
Defender el futuro es el gran desafío de nuestro tiempo. Mientras la actual batalla cultural parece centrarse en debates sobre identidad, tradiciones o sensibilidad social, lo que realmente está en juego es una lucha por el control de las narrativas sobre la realidad, muchas de las cuales son falsas o distorsionadas. Tanto los conservadores, aferrados a un pasado idealizado, como los progresistas wokes, atrapados en las urgencias y emociones del presente, han dejado de lado la ciencia como herramienta esencial para comprender y transformar el mundo. Urge una revuelta cultural que recupere la ciencia como nuestra guía más confiable, lejos de las mentiras, las medias verdades y las guerras simbólicas que nos distraen. Defender el futuro significa reactivar el proyecto inconcluso de la Ilustración y avanzar hacia la Ultramodernidad: un horizonte donde transformemos la realidad desde el conocimiento científico y filosófico riguroso, el cual nos permita mejorarla con criterios objetivos. No lucharemos por conservar un pasado arcaico, tampoco nos obsesionamos con el presente; protegeremos y engrandeceremos el mundo que heredarán las generaciones futuras. Ellas merecen que hoy tomemos decisiones valientes y racionales que les abran las puertas a un porvenir grandioso.
Cada vacuna, cada satélite, cada avance nos aleja del caos. y la irracionalidad es el gran obstáculo entre .
La batalla cultural que vivimos hoy no es una simple disputa entre conservadores y progresistas: es una guerra por imponernos ficciones sobre la realidad. Ambos bandos, aunque aparentan ser enemigos, coinciden en ignorar la ciencia cuando esta desafía sus dogmas. Los conservadores se aferran a la tradición, muchas veces de raíz religiosa, que resisten cualquier evidencia que amenace su visión del mundo. Los progresistas-wokes, por su parte, priorizan el individualismo extremo y la victimización, rechazando datos incómodos que contradicen sus sensibilidades. En esta guerra, la verdad queda atrapada entre relatos deformados que buscan proteger ideologías y tribus antes que comprender la realidad. Lo que está en juego no es solo quién controla las narrativas, sino quién se atreve a defender la ciencia como la mejor herramienta para conocer y transformar el mundo. La auténtica lucha no es entre conservadores y wokes, sino entre quienes defendemos la verdad y la ciencia, y entre quienes defienden las mentiras que nos mantienen ciegos.
Frente a este panorama, necesitamos una revuelta cultural que rescate la ciencia como la mejor herramienta para conocer la realidad. La ciencia no es perfecta, pero es nuestro método más confiable para entender el mundo y resolver los grandes problemas que enfrentamos como especie. Sin este giro cultural, seguiremos atrapados en discusiones superficiales que solo perpetúan las crisis actuales. Esta revolución debe desmantelar las mentiras, las medias verdades y los relatos emocionales que dominan la esfera pública, y devolverle al conocimiento científico el lugar central que le corresponde.
Mientras los conservadores luchan por revivir un pasado idealizado y los progresistas wokes se obsesionan con las sensibilidades del presente, lo verdaderamente urgente es defender el futuro. No podemos quedarnos atrapados entre quienes veneran viejas tradiciones religiosas ni entre quienes reconstruyen tribus identitarias premodernas. Es tiempo de recuperar el espíritu de la Ilustración y dar un paso adelante hacia la Ultramodernidad, una era donde la ciencia y la tecnología no solo expliquen el mundo, sino que lo transformen éticamente para liberar todo nuestro potencial. El futuro puede ser grandioso, pero solo si lo protegemos desde hoy, con responsabilidad, visión de largo plazo y decisiones racionales que trasciendan nuestras tribus y nuestros intereses inmediatos. Defender el futuro es el mayor desafío de nuestra época y también la causa más importante por la que luchar.