Think Tank de Tercera Posición Cientificista
Mejorar, someter y rediseñar la naturaleza.

Solemos idealizar la naturaleza como algo puro y valioso, pero al mirarla de cerca descubrimos su verdadera cara: es brutal, indiferente y, muchas veces, cruel. Depredación, enfermedades, sufrimiento y muerte son parte esencial de sus procesos. Lo natural no cuida, no protege ni busca el bienestar. Es el lugar donde el cáncer es normal, donde las crías mueren de hambre y donde la vida, en su estado salvaje, está plagada de dolor. Lo que llamamos progreso —medicina, tecnología, derechos— es, en realidad, una lucha por escapar de esas condiciones impuestas por la naturaleza. Tal vez sea hora de dejar de venerarla y empezar a transformarla.
Lee el texto «El Valor de la Naturaleza» de Sergio Pérez-Mosqueira.
Muchas personas creen que debemos conservar la naturaleza tal como está, priorizando la biodiversidad y los ecosistemas, incluso si eso implica mantener condiciones crueles para los seres vivos. Pero las especies y los ecosistemas no sienten; solo los individuos importan. Lo que debería importarnos no es la belleza del paisaje ni la cantidad de especies, sino la calidad de vida de los seres que realmente sufren y sienten. Intervenir en la naturaleza para reducir el sufrimiento no es una amenaza, es una oportunidad para crear entornos más seguros y menos crueles. Si podemos prevenir el dolor, mejorar las condiciones de vida y transformar la naturaleza en beneficio de los seres conscientes, deberíamos hacerlo. La verdadera prioridad no es conservar la naturaleza tal como la encontramos, sino mejorarla para todos los que la habitan.
Lee el texto «Contra la Naturaleza» de Matthew Adelstein.

El despertar de la consciencia y la modificación del entorno.
Vencer la adversidad y los peligros de la naturaleza fueron una tarea titánica. Costó millones de vidas y cientos de miles de años transitar de las comunidades tribales hasta las grandes ciudades que hoy poblamos. Conocer los orígenes de la humanidad invita a conocer las razones detrás del paradigma postnatural. Ser humano implica conocer para crear tecnologías, curar enfermedades y vivir bien.
La naturaleza no es sagrada.
La naturaleza no cuida ni protege, simplemente es. Y muchas veces, lo que es, nos daña.Lo que llamamos progreso —la medicina que cura, las tecnologías que nos protegen, los derechos que nos resguardan— no son otra cosa que nuestra constante lucha por escapar de esas condiciones crueles que la naturaleza nos impone. Los antibióticos, las vacunas, los edificios a prueba de terremotos, la ingeniería genética… son todas formas de resistir o modificar esa realidad salvaje que nos limita y nos hace sufrir.
El postnaturalismo parte de esta visión incómoda. Nos dice que no estamos obligados a aceptar la naturaleza tal como es. No debemos idealizarla ni tratarla como una especie de santuario intocable. Por el contrario, podemos y debemos someterla, mejorarla y rediseñarla. Esto significa, por ejemplo, modificar genéticamente animales para reducir su sufrimiento, crear plantas más resistentes y nutritivas, o incluso diseñar ecosistemas sintéticos adaptados a nuestras necesidades. Ya existen proyectos para cultivar alimentos en granjas verticales completamente artificiales, propuestas de control climático a gran escala y experimentos con organismos biológicos creados en laboratorio.
El postnaturalismo no busca destruir la naturaleza, sino superarla. Quiere transformar el mundo en un lugar mejor, más seguro y más justo para todos los seres conscientes. Quizá haya llegado el momento de dejar de venerar la naturaleza y empezar a construir algo más digno que lo que ella, por sí sola, puede ofrecernos.
Lee el texto «Postnaturalismo: Mejorar, someter y
señar la naturaleza» de Piero Gayozzo.
Con la ciencia y la tecnología podremos vencer las enfermedades, la muerte, mejorarnos y conquistar las estrellas.

Someter la naturaleza no significa destruirla, sino comprenderla profundamente para poder controlarla y reducir sus riesgos. La naturaleza no es buena ni mala, pero muchos de sus procesos —como enfermedades, desastres o condiciones hostiles— afectan negativamente a los seres conscientes. A través del avance científico, la humanidad ha logrado descubrir secretos esenciales de la biología, el clima y la física, lo que nos permite prevenir y manejar sus amenazas. Este sometimiento implica que cuanto más sepamos sobre la naturaleza, más capaces seremos de mejorarla y proteger la vida consciente. Por ejemplo, gracias al estudio del ADN, hoy podemos intervenir en organismos para prevenir enfermedades o mejorar cultivos.

Mejorar la naturaleza significa aplicar la tecnología para beneficiar directamente a los seres sintientes, es decir, aquellos que pueden sentir y sufrir. Esto incluye no solo mejorar la vida humana —como propone el transhumanismo— sino también mejorar las condiciones de vida de los animales. Podemos aumentar sus capacidades cognitivas (animal uplift), ayudarlos a adaptarse a ambientes cambiantes (animal augmentation), o incluso mejorar su bienestar en situaciones de explotación, como la ganadería. Además, la mejora no se limita a animales: plantas, bacterias y virus pueden ser modificados para servir a los intereses humanos, como en la creación de alimentos resistentes al clima o el uso de virus en tratamientos médicos. Mejorar la naturaleza es, en el fondo, usarla de forma ética para reducir el sufrimiento y potenciar la vida consciente.

Diseñar la naturaleza es ir más allá de modificar organismos: es transformar los ecosistemas y crear nuevos entornos pensados para favorecer la vida consciente. Este enfoque postnatural busca reemplazar la evolución ciega y aleatoria por un proceso dirigido, donde la humanidad toma control de la configuración de su entorno. Esto ya ocurre en proyectos como las tecno-granjas, los ecosistemas sintéticos que integran tecnología con vida, y las propuestas de geoingeniería para controlar el clima global. Incluso se están desarrollando organismos biológicos totalmente sintéticos, diseñados desde cero en laboratorio. Diseñar la naturaleza significa crear espacios, organismos y sistemas pensados no para preservar un equilibrio natural indiferente, sino para construir un mundo más seguro y beneficioso para todos los seres que pueden sentir.